Santo Domingo.- El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez celebró el pasado domingo 15 de noviembre 34 años de su designación como Arzobispo de Santo Domingo, el período más largo que haya gobernado un metropolitano, no sólo en la sede Primada de América, sino en cualquier otra provincia eclesiástica en el norte y el sur del continente.
Pero si largo ha sido el gobierno eclesiástico de López Rodríguez, oriundo de la fértil región de La Vega, donde Cristóbal Colón plantó la primera cruz del Nuevo Mundo, no menos ha sido su ingente obra pastoral, las múltiples actividades desplegadas, las funciones asumidas, las instituciones y parroquias creadas, el número de sacerdotes ordenados y las múltiples decisiones tomadas.
Nadie ha influido y gravitado por más tiempo sobre la iglesia católica en el país, ni en la compleja sociedad dominicana, que el cardenal López Rodríguez, ni enfrentado con tanta tenacidad, firmeza y caridad los retos que, durante los últimos 34 años, han reclamado la acción de la iglesia Católica.
Dinámico y tenaz
Cuando fue designado en el cargo por el Papa Paulo VI era el obispo más joven del país, con 45 años de edad, y apenas había cumplido tres de haber sido elevado al episcopado por el mismo Papa, que lo nombró obispo de San Francisco de Macorís, una nueva diócesis creada el 26 de enero de 1978.
Su elección como Obispo de San Francisco de Macorís fue argumento y prueba de su buen hacer como sacerdote en la Diócesis de La Vega, que abarca provincias como son Duarte, María Trinidad Sánchez y Samaná, desgajadas de la Diócesis de La Vega.
El fenecido obispo Francisco J. Arnáiz escribió: “Geopolítica y religiosamente era un territorio interesante. Para dirigirlo había sido elegido como Obispo, un joven muy querido y estimado por aquellos valles y montes, hijo de aquella tierra, de Barranca entre La Vega y Villa Tapia, rama de un tronco patriarcal, exponente vivo de lo mejor de esas gentes, Nicolás de Jesús López Rodríguez”.
“Tenía ya fama de dinámico y tenaz, de incapaz de dobleces, de firme y resuelto, de fiel y cumplidor, de limpio de mente y cálido de trato, de altamente dotado y eclesiásticamente bien preparado”.
Al despedirse, el 16 de noviembre de 1981, el cardenal Beras apuntó con fuerza a monseñor López Rodríguez: “El Santo Padre ha designado, como sucesor mío en esta venerada y heráldica Sede Primada de América a un obispo joven, emprendedor, solícito y entregado. Él perfeccionará lo conseguido hasta hoy y enfrentará con fe, esperanza y caridad los nuevos retos que, en la actualidad y en el futuro, reclamen la acción de la Iglesia”.
Obras y realizaciones
López Rodríguez no sólo es el único dominicano universal como perteneciente, en cuanto Cardenal, al Consejo Consultivo del Papa, que ha dejado y deja muy en alto, en el seno de ese cónclave y por donde pasa, el nombre y la enseña nacional, sino también el único que ha sido confirmado por dos Papas luego que cumpliera la edad de retiro y el único que ha participado en dos cónclaves para elegir o ser electo Papa.
El único, además, que ha recibido dos visitas del Papa a la Arquidiócesis y en ser anfitrión, junto al Papa, de una Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM), y el único que ha sido presidente de ese organismo, y presidido por 24 años la Conferencia de los obispos del país, con dos períodos interrumpidos.
Ha erigido o promovido decenas de edificaciones e instituciones, claves para el desenvolvimiento pastoral, entre las que se destacan la Casa María de Altagracia, el Centro de Formación para la Juventud y la Familia, el monasterio Santa Teresa de Jesús, la Universidad Católica Santo Domingo y el Seminario Menor Jesús Buen Pastor.
También el Prefilosofado arzobispo Fernando Arturo de Meriño, la Casa Santiago el Mayor, la ampliación del Seminario Pontificio Santo Tomás, el Seminario Misionero Arquidiocesano Redemptoris Mater, la Escuela de Evangelización Juan Pablo II, la ampliación de la Casa San Pablo; Canal 41, Televida, Emisora Arquidiocesana Vida y la Sede de la Conferencia del Episcopado.
A lo interno de la Iglesia su labor ha sido ingente. Creadas por su inspiración, para una mayor atención a la población, las Diócesis de Baní y San Pedro de Macorís, ha puesto el mayor empeño en la organización de la Arquidiócesis, dividida hoy en 20 zonas presidida cada una por un Arcipreste. Ha creado seis vicarias episcopales y ha elevado el número de parroquias recibidas (unas 45) a más de 270. Ha ordenado casi 200 sacerdotes diocesanos y religiosos y unos 140 diáconos permanentes. Se han constituido 69 nuevas Casas de Religiosas, la mayoría de nuevas Congregaciones en el país.
Asimismo, ha establecido 26 institutos seculares o asociaciones de vida consagrada u apostólica. Existen 5 seminarios, 65 centros de formación, 130 colegios y escuelas parroquiales, la mayoría de ellos en nuestros barrios marginados, 20 guarderías infantiles, 8 hogares de ancianos y ancianas, 10 casas de retiro o encuentros y 60 centros de salud
Está en marcha una abnegada y bien organizada pastoral a favor de presos y de enfermos en cárceles y en hospitales. En su hacer pastoral, como hombre serio y moderno, jamás ha cabido el descuido ni la improvisación.
Todo lo ha hecho de acuerdo a tres planes muy definidos y concretos con metas muy claras, y programas puntuales. El primero abarcó del 82 al 92; el segundo del 92 al 2002; el tercero hasta el 2012 y el cuarto marcha hacia 2022.
Como Arzobispo y Cardenal ha desempeñado más de 60 cargos y encomiendas apostólicas, dejando en todos sus huellas, entre los que destaca la presidencia del Patronato de Cedimat.
La más antigua
El primer obispo de la más antigua diócesis sobreviviente de América, creada el 8 de agosto de 1511 por el papa Julio II, mediante la bula “Romanus Pontifex”, fue fray García de Padilla, quien la gobernó por cuatro años, desde el 13 de agosto de 1511 hasta junio de 1515.
En ese primer siglo (XVI) gobernaron la iglesia en Santo Domingo once obispos. El segundo fue Alejandro Geraldini, ocho años, y el tercero Sebastián de Fuenleal (1527-1531), siguiéndole Alfonso de Fuenmayor (1538-1546), quien ejerció ocho años como obispo y otros ocho como arzobispo, ya que la diócesis fue elevada a Arquidiócesis en 1546. Sus sucesores durante ese siglo permanecieron pocos años en el gobierno de la Arquidiócesis, entre dos y siete solamente, debido a que casi todos fueron enviados por los Papas como obispos y arzobispos a otras tierras del continente y España.
ARZOBISPOS DEL SIGLO VEINTE EN EL PAÍS
El cardenal Octavio Antonio Beras Rojas fue el primer dominicano en recibir el carpelo cardenalicio y el primer Cardenal Arzobispo de la Arquidiócesis, el 24 de mayo de 1976. Permaneció 20 años en el cargo y fue sustituido por López Rodríguez el 15 de noviembre de 1981.
El Arzobispo que más tiempo ha permanecido en la cátedra de Santo Domingo, luego de López Rodríguez, fue Adolfo Alejandro Nouel Bobadilla, 29 años, desde el 20 de agosto de 1906 al 11 de octubre de 1935.
Sustituyó a Fernando Arturo de Meriño, que gobernó 21 años, desde 3 de julio de 1885 hasta el 20 de agosto de 1906 (parte del siglo XIX y XX).
Meriño fue el primer dominicano en llegar a ser Arzobispo, designado por el papa León XIII, el 16 de julio de 1885, aunque había sido administrador apostólico en dos ocasiones anteriores. Sustituyó a Rocco Cochía Cesinale como administrador apostólico en 1883, y fue elevado a Arzobispo en 1885, tras ser restablecida la Arquidiócesis suprimida en 1814 con la ocupación francesa. El arzobispo Nouel fue reemplazado por Ricardo Pittini Piussi, que gobernó desde el 11 de octubre de 1935 hasta el 15 de noviembre de 1961.
Tres meses después de su retiro fue designado Beras Rojas.
Meriño, Nouel, Pittini, Beras y López Rodríguez han
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