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El cariño político

Por: Soniel González 
En un pueblo pequeño donde todos los comunitarios se conocen o por lo menos tienen referencia de cada persona que habita el lar, nos pasamos los días, meses y años pasándole por el lado a los demás sin a veces siquiera regalar una sonrisa o un saludo de cortesía. 

Pero ahora si, comenzó la politiquería y nos parecemos los actores del Facebook en donde todos somos cariñosos, decentes, humildes, solidarios, desprendidos y resolvemos o por lo menos; prometemos resolver con un varita mágica todos los problemas de nuestros conciudadanos. 
El cariño de los políticos, que en realidad no lo son, ni saben el significado de política, pero se hacen llamar y se venden como tales, es desbordante cuando salen a  cazar votos, a vender sueños y a comprar conciencia, aprovechándose de la desgracia de los desarrapados, que, culpables o no, de su desgracia, eligen representantes que al final no los representan, que solo los utilizan para lograr sus metas y luego son desechables como vasos plásticos. 
Lo mas hermoso de este tétrico panorama que se da  en este país de las maravillas, es que después de espantarse por cuatro,. O en este caso por seis años, tienen estos señores la carota de presentarse de nuevo como candidatos y salir en unos benditos mano a mano saludando la gente con el descaro y el cinismo de pedirle el voto, a esa misma gente que en tiempos normales, en momentos que no son de politiquería no le brindan  ni el saludo. 
Solo hay que observarlos desplazándose saludando las viejitas, los enfermos y los desvalidos, o presentando sus respectivas candidaturas por televisión, autodefiniéndose como serios, capaces y serviciales, con tanta suerte que encuentran un grupo de inocentes, negociantes e ignorantes que les siguen, le creen y muchos que se benefician del negocio súper lucrativo que encierran los cargos políticos. 
Hay otros, que son la mayoría, que lo único que reciben son los 500 o mil pesos que le dan el día de las votaciones o una que otra fundita en el fragor de la campaña, una goma de motor o un vale de gasolina. 
Cada día es mas grande la inversión en una candidatura a tal punto que sale requete comprada una posición electiva, porque la gente cada vez menos cree en los politiqueros y hay que darle lo suyo alante. Cobran el voto por adelantado, lo que dio por desaparecido el voto de conciencia.  
La carrera política por elección esta reservada para grandes empresarios, acaudalados narcotraficantes o para inversionistas lavadores, que poseen grandes capitales que los colocan en la política como si fuera la bolsa de valores, que lo es, los cuales pueden arriesgar grandes sumas que de resultar gananciosos se multiplica de manera asombrosa. Es asqueante y vergonzoso ver como el panorama político esta siendo invadido por personas iletradas, inescrupulosas y sin sentido patriótico y humano, y muy pocos nos preocupamos por  la falta de ideales que por tanto tiempo movió el sentimiento de los dominicanos y que ofrendaron la vida tantos valientes para legarnos la libertad y el libertinaje que hoy disfrutamos sin valorar. 
Cualquier persona sin saber los que es la política, solo porque puede gastar dos pesos, o porque se ha abrogado por el motivo que sea, un poco de popularidad en un pueblo determinado se cree en capacidad de ostentar un cargo electivo, sin tener ninguna preparación o condición para este. 
Según van pasando los días y arrecia la complicada competencia de nuestros honorables candidatos, muchos abrazos cariñosos se dejan caer sobre gente que nunca antes había recibido estas muestras de afecto.  
El amor se hace presente entre nosotros y una vez mas muchos volverán a ver el regalito de las gomas, las funditas y la papeleta rojita para ir apaleando un poco la situación. 
Los cariñosos de temporada, los serviciales de medio tiempo y los solidarios por conveniencia están en las calles dominicanas repartiendo saludos, abrazos, dinero y soluciones, hay que apoyarlos, merecen su oportunidad esos pobres candidatos. 
Yo voy a votar. Cuenten conmigo.. Cuenten con mi voto. 

Y en mi casa somos muchos. 


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