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El precio de sacar ámbar de las entrañas de la tierra

La minería es considerada un trabajo peligroso. La Organización Internacional del Trabajo indica que aunque solo representa el 1% de la fuerza de trabajo mundial, en esta se da alrededor del 8% de los accidentes mortales en el trabajo.

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Eso lo sabe Rafael Vásquez pues tiene 20 años de sus 43 de vida buscando ámbar para mantener a cuatro hijos. Se pasó la mañana metido debajo de la tierra. Al mediodía salió para almorzar arroz con cerdo guisado.

Vásquez confiesa que, estando allá abajo, ha sentido movimientos telúricos; ha temido pero se queda y sigue excavando. Está acostumbrado.

–Uno jalla la comida– dice.

–Y cuando encuentra ámbar, ¿cómo se pone?

–¡Oh, contento!

Con el pasar de los años las técnicas de extracción han mejorado; hay hoyos con bombillos, sistema de ventilación y una planta eléctrica que mueve la cuerda con la que los mineros descienden amarrados. Pero otros no, como uno de 130 pies de profundidad donde la respiración se dificulta.

–Uno trabajaba más bruto antes, era a mano que uno trabajaba, la tierra la sacaban… Ya de último la halábamos nosotros mismos, con palos– dice Vásquez.

Él no pasó del primer grado escolar.

–¿Sabe leer?– se le pregunta.

–No sé mucho, me quedé bruto, por eso estoy aquí.

En El Valle el dinamismo por el ámbar se disipó. Una posible causa es la desaceleración de la economía china. Ahora los precios se han estabilizado hacia la baja pero la extracción de la resina sigue siendo rentable.

Para llegar a Siete Cañadas se recorre un largo camino pedregoso de unos 10 kilómetros desde el centro del municipio, donde para el censo de 2010 vivían 7,228 personas. En el trayecto hay comunidades rurales donde residen mineros, como Loma Clara y Loma del Cuatro. Hay casas de concreto, de diseño más citadino; otras de madera y zinc. Delatan que a unos les va económicamente mejor que a otros.

–En El Valle el 80 por ciento (de la población) depende del ámbar y en Sabana de la Mar alrededor de 20 por ciento– dice Escobosa, quien tiene más de una década como minero y mantiene tres hijos con este trabajo. El año pasado su brigada, de siete socios, vendió un ámbar azul de dos libras y media por RD$800,000.

El ámbar se formó a partir de una resina pegajosa, que se desprendió del tronco y ramas de árboles, y se endureció, atrapando en su interior materia vegetal y pequeños animales. Su primera etapa se llama copal.

Aunque se le encuentra en diferentes partes del planeta, hay veinte regiones con la mayor cantidad para explotación, las más ricas actualmente son la báltica de Europa Oriental y Mediterránea, algunos estados de México y la República Dominicana. Investigadores estiman que la edad del criollo supera los 15 millones de años y se destaca por su calidad. Se cree que los taínos que poblaban la isla utilizaban piezas como adornos.

Por su rareza, el ámbar azul es el más preciado. El color resalta por el reflejo traslúcido de la luz. Se afirma que solo se encuentra en la República Dominicana. Otras variantes con menos valor tienen tonalidades coñac, amarilla, roja, verde, negra o incolora. Dependiendo de su tamaño y peso, los mineros los identifican como ámbar (el de mejor calidad), marifinga (de mediana calidad) y trilla (de baja calidad).

En la antigüedad, el polvo de esta resina se utilizó para tratar enfermedades estomacales y del oído, y el asma. También como materia prima para objetos religiosos y perfumes. Se puede quemar; su olor es parecido al del cedro.

La película Jurassic Park (1993) generó un interés por los fósiles atrapados en fragmentos de ámbar. Fue en la zona norte de la República Dominicana donde se filmó una escena en la que en el interior de una mina encuentran un mosquito fosilizado, cuyo ADN se usó para experimentar con dinosaurios clonados.

–Los fósiles que en ese tiempo se vendían a cinco pesos, se pusieron a 50, a 45, a 80 pesos, cada fósil, todo el mundo quería– recuerda el hacendado Ambiorix Mencía.

En 2012 mineros de Los Cacaos encontraron un esqueleto fosilizado en ámbar de un mamífero llamado perezoso. Lo vendieron a un geólogo por RD$100,000. En el mismo conjunto de minas habían encontrado también una pieza de 1.5 onzas, amarilla, que contenía un escorpión. La vendieron a RD$110,000.

Mencía es el sexto de ocho hermanos que heredaron una de las minas más viejas de La Cumbre conocida como Los Bracho. La propiedad está entre Santiago y Puerto Plata, provincias consideradas como cunas del ámbar dominicano.

En la carretera que conduce a las minas hay letreros en viviendas que dicen Amber Sale (venta de ámbar) que delatan que sus ocupantes viven de esta resina y, por el idioma, procuran también atraer turistas.

Durante la dictadura de Rafael Trujillo (1930-1961), el presidente se adueñó de las tierras. Algunas personas extraían ámbar de forma clandestina, recuerda el profesor Pedro Mencía en su libro Historia de la extracción del ámbar en la provincia de Santiago. Posterior a la muerte del tirano, se repartieron los terrenos. En el que le tocó a la familia Mencía se encontraron yacimientos de ámbar entre 1996-1997. Comenzaron con la explotación, dándole empleo directo a 500 amberos.

Anteriormente, entre 1970-1980, se marcó un periodo de auge minero, cuando se abrieron otras minas en Santiago, como las de Palo Quemado, Palo Alto y La Tosca. También conocidas son Los Higos, La Búcara, Cumbre de Palo Quemado y Los Cacaos. Además, en Puerto Plata están el Mamey-Los Hidalgos, Altamira, Juan Nina y Pescado Bobo. El profesor Mencía igualmente documenta que había extracciones en pequeña escala desde la primera intervención norteamericana (1916-1924), con la construcción de la Mansión en La Cumbre y la carretera Luperón.

Los lugares citados están ubicados en la cordillera Septentrional. Su vocación principal era el cultivo del café, y en sus terrenos, de caminos rurales, los habitantes encontraron una oportunidad en la extracción de ámbar. En la Dirección General de Minería estiman que los beneficiarios directos pasan de los 2,000 e indirectos alrededor de los 5,000 -incluidas mujeres cocineras y también amberas-. Además, que el minado de esta resina es el motor de la economía que mueve la zona desde Palo Alto a Los Cacaos, en La Cumbre de Santiago.

Dueños de minas en la zona norte también tienen inversiones en El Valle.

Por: Diariolibre.com

 

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