web analytics

“Si me hubiesen pedido el corazón tampoco dudo en donárselo”

Por: Doris Pantaleón 

Santo Domingo.- Sentado junto a su único hijo, de 16 años, a quien hace un año le donó uno de sus riñones para que pudiera vivir, Abraham la Fortuna asegura que no dudó ni un instante para desprenderse de uno de sus riñones para salvar a su hijo Bleimi, quien debutó con insuficiencia renal crónica a los 14 años.
Afirma que si le hubiesen dicho que tenía que donarle el corazón también lo habría hecho sin dudarlo. “Lo único que hubiese pedido un día para pedirle permiso a Dios, que es el dueño de nuestras vidas, pero luego se lo doy porque después de todo ya yo he vivido, pero él no, es apenas un niño”.
Dice que tanto él como la madre de Bleimi no tenían nada de conocimientos sobre esa enfermedad, y que el niño duró un año recibiendo tratamiento de diálisis, lo que le atormentaba mucho a él que no quería ese futuro para su único hijo, pero mantenía aún más angustiada a la madre que por momentos se desesperaba.
Entonces mientras se dializaba en el hospital Infantil Robert Reid Cabral conoció a la nefróloga Martha Bello y llegó a la Fundación Dr. A. Baquero, donde le dieron la esperanza del trasplante.
Mientras su padre habla, Bleimi escucha con atención y sonriente. Al empezar a hablar se le nota mucha madurez. Dice que luego del trasplante es otra persona. Retomó sus estudios, que tuvo que suspender por un año, debido a que la enfermedad lo obligaba a faltar mucho a la escuela.
“Yo sabía que como quiera me iba a quemar, porque faltaba mucho, así que lo suspendí, pero luego volví”, cuenta. Cursa el segundo de media.
Recuerda que desde pequeño tenía problemas en los riñones, pero que a los 14 le dijeron que estaban totalmente dañados, por lo que empezó a dializarse. “Cuando salía del hospital me iba a la escuela, pero a veces salía muy cansado y no podía ir”, dice. Agrega que se siente feliz porque no todo padre da la vida por un hijo, como ocurrió con él, y cuenta que un día iba en un carro público con su papá y un señor dijo que él no haría eso por su hijo. 
Conoció a su donante por una casualidad
Otra historia, como sacada de un cuento de hadas, es la de Altagracia Féliz, de 34 años. Desde hace cuatro años y ocho meses se siente una mujer distinta, con deseos de estudiar, prepararse y trabajar, luego de haber sido sometida a un trasplante de riñón donado por una persona que conoció por casualidad, tras no contar con ningún donante familiar dispuesto hacerlo.
Su caso, cuenta Martha Bello, era penoso: tenía dos años en diálisis y se encontraba muy descompensada. Tenía el abdomen grande y estaba catética por la desnutrición. Hizo preeclampsia durante su último embarazo, lo que le desencadenó la insuficiencia renal. El padre de sus tres hijos la abandonó al verla en su estado.
“Yo me caía porque las piernas no me sostenían, me hacía moretones en la cara y la gente me decía que si era el marido que me pegaba. Estaba muy deprimida, ya que de 10 pacientes que recibíamos juntos a diálisis en el hospital Padre Billini sólo quedábamos dos vivos”, cuenta Altagracia.
Recuerda que un fin de semana va a la casa un compañero de universidad de una de sus hermanas y al verla en ese estado se interesó por saber qué le pasaba; al enterarse dijo que le donaría un riñón y al lunes siguiente estaban en el hospital haciéndose la prueba de compatibilidad que resultó positiva.
Bello dice que en principio tuvo conflicto, porque tras conseguir los permisos correspondientes por tratarse de un donante sin vínculo familiar, el joven le confesó que se había enamorado de Altagracia, lo que complicaba las cosas, porque ella podría verse comprometida a aceptar esa relación por agradecimiento, pero que tras despejar todas dudas se procedió al trasplante.
Durante el proceso, Altagracia se enamoró de su donante y formaron una vida de pareja por varios años, donde la doctora era una especie de consejera sentimental. Luego el joven estaba interesado en tener sus hijos, pero era riesgo para Altagracia embarazarse, porque había hecho preeclampsia, así que decidió terminar la relación.
“Aunque no estamos juntos, yo le rezo a Dios todos los días por él. Siempre estoy pendiente de su salud, porque le voy a agradecer toda la vida el haberme devuelto la única posibilidad de vivir que tenía”, dice Altagracia.
Relató que antes de enfermar trabajaba, pero que tuvo que dejarlo todo, porque la enfermedad le afectó la vista y hasta la memoria.
Ahora está terminando el bachillerado y busca trabajar en el área de belleza, porque su único deseo es reunirse con sus hijos. 
Siete años con una vida nueva
Desde que nació hasta los casi 20 años, Rossanna Hernández, de 26 años, tuvo una vida de complicaciones médicas. Se la pasó entrando y saliendo de hospitales con largos ingresos. Nació con una afección esofágica que le impidió ingerir alimentos sólidos hasta los 13 años.
Fue sometida a ocho dilataciones esofágicas, por lo que solo se alimentaba con líquidos. Su madre Ana Mercedes Rojas abandonó todas sus actividades para dedicarse a su cuidado. Solo luego del trasplante hace siete años sabe lo que es dormir una noche completa. “Nunca pasé de 95 libras, y ahora tengo 128”, dice la madre sonriente.
Fruto de su delicado estado, Rossanna cayó en insuficiencia renal crónica por lo que duró seis años recibiendo diálisis y luego le hablaron de trasplante. Llegó a la Fundación Baquero donde empezó todo el procedimiento para ello. El riñón le fue donado por su madre, que previamente tuvo que someterse a otra cirugía y esperar un tiempo de recuperación para convertirse en donante. “Luego todo fue rápido, el Señor tenía su día”, dice.
Hace siete años que se trasplantó y, según los médicos, es de las pacientes más estables.
“Nuestra vida ha cambiado, fueron 20 años de mucho sufrimiento, ella no sabía lo que era jugar con niños, pero iba a la escuela, aunque fuera una semana sí y otra no, algunas veces duraba hasta un mes ingresada”, dijo su madre.
Rossanna concluyó ya el bachillerato y va a realizar cursos técnicos. “Después que me trasplanté, siento que tengo otra vida. En principio me sentía como extraña, decía wao, y estoy muy agradecida con los médicos”, agrega. 
Día Mundial del Riñón
Los testimonios de los pacientes fueron recogidos durante un reciente encuentro de pacientes y donantes realizado por el Instituto Dominicano de Trasplantes Renales Fundación Dr. A. Baquero, al celebrarse hoy el Día Mundial del Riñón.
Hilda Lafontaine, directora clínica de la entidad, recuerda que esa celebración se hace con el propósito de crear conciencia en la población sobre la importancia del riñón en el organismo humano y orientar sobre los problemas derivados de su mal funcionamiento.
Explica que la celebración surgió en el 2006 para promover la salud renal a partir de la prevención; promover la detección temprana y estimular la donación de órganos. Este año el tema central es “Salud renal para todos”.
La especialista recuerda que la mejor manera de mantener la salud de los riñones es tener un estilo de vida saludable. Para ello, las principales recomendaciones que hace son la buena hidratación (1.5 a dos litros de líquidos por día), una alimentación baja en sal y con menos hidratos de carbono y evitar la obesidad que propicia la diabetes y la hipertensión.
Lafontaine explicó que la Fundación Baquero hasta ahora trabaja con trasplantes de donantes vivos, pero que se encamina al de donante de personas fallecidas para garantizar mayor cobertura, ya que el trasplante es la única cura para el paciente con insuficiencia renal crónica.
Recuerda que la Fundación fue creada en el 1988, pero es desde 2001 que funciona de manera activa con 150 trasplantes todos de donantes vivos.
Dijo que años atrás se llevaba un promedio de 15 a 20 trasplantes por año, pero en los últimos dos años ha bajado a unos 10, fruto de las condiciones económicas de los pacientes y que el Sistema Dominicano de Seguridad Social sólo cubre al trasplantado, no al donante.
Cambio de vida
Lafontaine asegura que un trasplante renal significa para el paciente volver a la vida. “La persona se vuelve fructífera, trabaja; las enfermedades renales son catastróficas porque acaban desde el punto de vista económico y emocional del paciente”.
Recuerda que la diálisis solamente reporta 15 a 20 por ciento de la función renal, por lo que deja cosas sin resolver en el organismo del individuo; de modo que la solución definitiva es el trasplante.
Se estima que en el país recibiendo tratamiento de diálisis hay actualmente unos 2,500 pacientes, de los cuales la mayoría requieren de trasplante renal.


¡Compartir este artículo en las redes sociales!

Deja un comentario