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Fue adoptado a los 18 días de nacido por una enfermera de 54 años, la única madre que conoce, la que le dio nombre y apellido, estudio y amor… hace una semana el joven defendió su tesis para optar al título de economista. Aprobó con excelente calificación. Sus amistades le consideran un ganador porque pese a las tristezas y los retos, ha podido triunfar.

NICARAGUA | HOY
Alfonsina Zeledón apareció de la noche a la mañana en el mercado de Siuna. Resaltó por su belleza física, pero se ganó el rechazo de los pobladores por sus problemas mentales.
No era raro verla correr desnuda por los caminos, agresiva, inconsciente de sus actos, expuesta a la maldad de los hombres y así fue; al corto tiempo, se le notó el vientre abultado y un semblante más pálido que de costumbre: estaba embarazada.
Nunca se supo quién fue el desalmado que abusó de ella. A pocos meses de dar a luz un grupo de mujeres se organizó para encerrarla en un cuarto y cuidarla de su locura.
Fue así como la conoció Brígida Espinoza, una enfermera de 54 años que trabajaba en el Hospital Carlos Centeno de Siuna y diariamente la visitaba para monitorear su estado de salud y llevarle comida.
El futuro del pequeño que crecía en el vientre de Alfonsina era incierto, ya se hablaba de regalarlo o buscar una familia que quisiera adoptarlo.
Las mujeres del mercado que encerraron a la enferma acordaron que Brígida era la indicada para cuidar al bebé, pues ya tenía experiencia educando niños ajenos y los resultados habían sido mujeres de buenas costumbres, las hermanitas Sipriana y Audilia, dos niñas de la calle que tuvieron la fortuna de caer en manos de la amorosa mujer.
La esperanza
El 10 de marzo de 1996, a las 2:00 p.m., llegó Alfonsina con dolores de parto a la sala de emergencias del Hospital Carlos Centeno. Brígida, que estaba de turno, la atendió y sugirió al médico operar a la muchacha para que no tuviera más niños, era un peligro por su estado mental. El doctor procedió sin peros.
“Víctor era un niño precioso pero débil… yo aún no había aceptado adoptarlo. En esos días estaba enferma, además debía consultarlo con mi esposo e hijos biológicos. Cuando toda la familia aprobó la adopción, se hizo lo necesario legalmente y me lo llevé a casa, me dijeron que estaba bien enfermo y si pegaba (vivía) era suerte”, confió.
A sus 54 años Brígida volvió a desvelarse al pie de la cuna de un recién nacido. Le puso su apellido, lo curó cuando estaba enfermo y se entregó a él tal como si se trataba del hijo de sus entrañas. Cada vez que la gente le preguntaba de quién era el pequeño, ella respondía “mío”, con total certeza.
Cuando Víctor Espinoza llegó a la primaria, en el colegio Salomón de la Selva de Siuna, tuvo que lidiar con las habladurías y crueldades de otros niños. A los siete años, uno de sus compañeritos de clase le dijo que su mamá no era su mamá, sino una loca llamada Josefina.
“Yo siempre me preguntaba que por qué las demás mamás eran jóvenes y la mía era una señora mayor, ese día me salí de clases y fui a cuestionar a mi mita, pero ella no me contó nada hasta los nueve años. En una Semana Santa, estábamos solos en casa, me dijo: ‘es tiempo que sepás una verdad’ y me contó de mi mamá biológica, de la cual aseguró no saber nada desde hace tiempo”, comparte Víctor.
Cuando logró culminar la secundaria, el joven de Siuna soñó con ir a una universidad, pero no a una local, sino a la UNAN-Managua, a estudiar Economía.
“Mi madre me dijo que no me cortaría las alas, que si yo quería salir adelante ella me iba a apoyar, mi papá Gilberto Aguilar (q.e.p.d.) aunque estaba muy enfermo en ese momento, me aseguró que apoyo no me faltaría, que me fuera y coronara una carrera, me aliñaron la maleta y lloraron al despedirme, fue duro, pero yo quería enorgullecerlos, remunerar de alguna manera que me hayan salvado”, expresa el joven de 23 años.
Ya egresado

Este 29 de mayo Víctor Espinoza logró culminar sus estudios de Economía con excelente calificación. Su mamá viajó más de ocho horas en autobús, de Siuna a Managua, solo para verle defender su título universitario.
La señora aseguró al HOY que estaba orgullosa de su hijo. “A mis 77 años es lo último que yo quería ver, verlo realizado, valió la pena tanto amor, tanto esfuerzo, es mi hijo, y agradezco a Dios por habérmelo regalado a mí”, resaltó entre lágrimas.
Por su parte, Víctor comenta estar agradecido por la familia que logró. “Tengo hermanas maravillosas, un hermano a quien admiro, tuve un padre que dio todo por mí. Dios me dio una familia humilde, perfecta, soy afortunado”, concluye el joven que debido a su eficiencia logró un buen trabajo y hoy día está dispuesto a apoyar a los suyos.
Víctor quiere encontrar a su madre biológica
A pesar de que Víctor asegura que en su vida no le ha faltado calor maternal, tiene deseos de conocer a su madre biológica, darle un abrazo y agradecerle por la vida.
Confiesa que no guarda ningún rencor, que está sabido de lo que sufrió ella, Alfonsina Zeledón.
“Me contaron que ella desapareció del mercado un día, nadie supo qué le ocurrió. Luego la gente comentó que un hombre que se enamoró de ella se la llevó a Matagalpa… no sé si es verdad, pero donde esté quiero que sepa que estamos en paz, que yo estaré complacido de verla y estaré más tranquilo si sé que está viva y está bien”, expresa el joven.
Cualquier información entorno a la mamá biológica de Víctor Espinoza llame al 76767421
Fuente: Hoy.com.ni
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