
Santo Domingo, RD. Germán Peña nunca olvidará la madrugada del lunes 8 de abril. Aquella velada que comenzó como una salida familiar para disfrutar de la música de Rubby Pérez, terminó siendo una lucha desesperada por sobrevivir bajo los escombros del derrumbe en el centro de entretenimiento Jet Set.
Desde su cama en el Hospital Ney Arias Lora, Germán narra entre pausas lo que vivió aquella noche. Estuvo cuatro horas atrapado bajo concreto y hierro, en completa oscuridad, rodeado de gritos, polvo y silencio. En ese momento, su refugio fue la fe.
“Mi oración siempre fue: ‘El Señor es mi pastor y nada me faltará’”, repite con voz serena, pero firme, agradecido de estar con vida.
Germán había acudido al lugar junto a dos de sus hermanos y su tía, quien fue quien los animó a asistir porque quería ver a su artista favorito. “A ella le encantaba Rubby Pérez, no salía mucho porque era una persona de iglesia”, cuenta. Lamentablemente, ella murió esa noche.
“Hoy tengo un nuevo cumpleaños”, afirma. Para él, el derrumbe marcó un antes y un después. La vida le dio una segunda oportunidad, aunque todavía le cuesta asimilar el dolor de lo vivido.
Hasta este lunes, las autoridades han confirmado la muerte de 226 personas a causa del desplome del techo del Jet Set. Germán es uno de los que puede contar la historia desde el otro lado del milagro.
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